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Pequeños empujones para mejorar la salud financiera

12 de diciembre de 2018

Prometerse a uno mismo ahorrar y acabar tirando la toalla es algo habitual por lo que un empujoncito de vez en cuando, no viene mal. Los mecanismos de compromiso que ponen en marcha las entidades financieras para ayudar a sus clientes suponen, según el informe ‘Nudges for Financial Health: Global Evidence for Improved Product Design’ de Innovations For Poverty Action (IPA), una solución eficaz para conseguir ahorrar de una vez por todas y mejorar la salud financiera.

Mecanismos de compromiso

Según el informe de IPA, los mecanismos de compromiso que las entidades financieras pueden llevar a cabo para ayudar a sus clientes a ahorrar son: “acuerdos voluntarios y vinculantes que las personas celebran para alcanzar objetivos específicos que, de otro modo, podrían ser difíciles de lograr”. Dichos acuerdos, cuando se incorporan a los productos de ahorro que contratan los clientes a las entidades financieras, resultan ser un empuje eficaz para solucionar los retos que plantean. La razón principal es que obligan a los usuarios a reservar parte de su dinero según los planes que ellas mismas se han impuesto. Es cierto que el término ‘obligatorio’ puede echar para atrás, pero no hay que asustarse.

El presente es prioritario: para muchas personas no existe nada más que el hoy, por lo que las decisiones que les beneficiarán en el futuro quedarán relegadas a favor de las que tienen que ver con el presente. En este campo existen distintos niveles de exigencia: desde los mecanismos ‘fuertes’ que incluyen sanciones financieras por incumplimiento, hasta los ‘suaves’ que son más psicológicos y se centran en la decepción que uno siente consigo mismo o con los demás cuando no cumple lo establecido. En todos los casos, la evidencia demuestra que funcionan por motivos como estos:

  1. La presión social: la familia o los amigos pueden ser una fuente de gastos o presiones financieras que afectan al ahorro.
  2. El futuro, ¿qué futuro?: tener presente lo que va a venir dentro de un tiempo es complicado. A veces, se ahorra poco porque no se tiene claro cuánto dinero se va a necesitar el mes que viene, el próximo año o dentro de una década.
  3. Poco autocontrol: a menudo se piensa en ahorrar dinero para afrontar un gasto importante, pero al final se acaba gastando en cosas más tentadoras, gratificantes… e inmediatas.

El reto no es solo para los ahorradores, los proveedores de servicios financieros también deben tener en cuenta estas consideraciones, aunque los estudios indican que las personas prefieren que se les guíe en el camino del ahorro y no tanto que se les obligue. Estas son algunas formas de hacerlo:

  1. No ahorrar se penaliza: en los productos de compromiso con el ahorro, conviene aumentar el coste monetario o psicológico de no cumplir con el objetivo.
  2. No asustar al cliente: con compromisos demasiado duros que puedan echarle atrás.
  3. Menos es más: no siempre es necesario imponer sanciones para mejorar el ahorro. A veces, los compromisos psicológicos en los que la persona se compromete con los demás o con un fin determinado, pueden ser de gran ayuda.

El poder de no hacer nada

¿Y si, en vez de hacer que una persona contrate voluntariamente un producto financiero de ahorro, se la incluye directamente en él y se le pide que se excluya si lo desea? Esta práctica, conocida como “exclusión voluntaria” ha aumentado el número de clientes de los planes de pensiones y ahorro en países como Estados Unidos. Eso sí, la entidad financiera debe informar a las personas sobre el producto al que será inscrito el usuario y darle la oportunidad de elegir otra opción o dejar de participar cuando lo desee.

¿Por qué las personas aceptan este tipo de mecanismo?

  1. Lo primero, el hoy: los usuarios suelen estar muy ocupados en el presente por lo que les cuesta tomar decisiones para el futuro. Esta práctica les resuelve el problema.
  2. Posponer lo difícil: la tendencia habitual es retrasar las acciones que resultan más complejas, también en lo financiero, como tomar partido por un producto de ahorro.
  3. Dejarse llevar: se tiende a preferir el ‘status quo’, el estado de las cosas tal y como están, al margen de las alternativas disponibles, por lo que la gente tiende a no excluirse del producto financiero en el que ya está metida para buscar opciones.

Las entidades financieras también pueden sacar partido de esta práctica para ayudar a sus clientes a conseguir las metas que desean. ¿Cómo?

  1. Depósitos automáticos en cuentas de ahorro: reservar automáticamente una parte de la nómina del cliente en la cuenta de ahorros, a menos que la persona no lo desee.
  2. Inclusión automática de complementos de ahorro: meter a los clientes en programas de ahorro adicionales, salvo si el cliente no quiere hacerlo.
  3. Pago automático de créditos: la entidad puede hacer pagos mensuales automáticos para ayudar al cliente a pagar un crédito, a menos que este opte por otra solución.

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